Marcar la diferencia

La diferencia la han marcado 52 votos. 52 papeletas de entre más de 100.000 habitantes, una cifra nimia, fútil… y a la vez tan importante. Técnicamente lo que ha pasado en Barakaldo es más bien un empate. Y el partido aún no se ha terminado. Es más, acaba de empezar.

Mi más sincera enhorabuena al PNV por esos escasos 52 votos que, hoy por hoy, marcan la diferencia.

Pero marcar la diferencia es mucho más que eso. Es gestionar bien el municipio, como hemos hecho los Socialistas. Y el listón está muy alto. Somos uno de los 10 municipios españoles que mejor han hecho frente a la crisis y el tercero menos endeudado del país. Tenemos el gran Ayuntamiento vasco que más dinero ha destinado a ayudas de emergencia. Hemos puesto freno a los desahucios, paralizando el 100% de los procesos en los que se ha intervenido, y hemos creado más de 500 empleos directos pese a no tener competencias en la materia.

Todo esto que acabo de relatar sí es marcar la diferencia, más aún cuando desde la Diputación te intentan ‘estrangular’ económicamente dando un 49% menos por habitante a Barakaldo que a Bilbao.

Estoy decepcionado, sí. Desde el Partido Socialista hemos trabajado mucho y mis compañeros y compañeras han hecho un gran esfuerzo por ganar estas elecciones. Lo siento muchísimo por todas y cada una de las personas que me han acompañado en esta legislatura, en esta candidatura y en esta campaña electoral recorriendo Barakaldo barrio a barrio, puerta a puerta. Pero las cosas se han hecho bien y eso es lo más importante.

Sea como fuere, y venga lo que venga, mi deseo como Alcalde y como vecino de esta ciudad ha sido, es y será siempre lo mejor para Barakaldo. Seguiremos peleando por ello.

Mejoría, ¿qué mejoría?

Empiezan a surgir voces, tanto en España como en Euskadi, que proclaman el inicio de la recuperación económica. Ojalá fuera cierto, pero sinceramente yo no veo por ningún lado el fin de la crisis. Todo lo contrario. Más allá de lo que digan los datos macroeconómicos, a pie de calle sigo palpando una continua degradación de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas. Tenemos una altísima tasa de paro, el consumo cae sin remisión y las familias lo tienen cada vez más difícil para llegar a fin de mes.

Estamos pagando las consecuencias de una serie de decisiones perjudiciales para las familias y las pequeñas y medianas empresas: la brutal subida del IVA, los recortes en sanidad y educación, una agresiva reforma laboral que facilita el despido y pasa por encima de los derechos de los trabajadores y trabajadoras… Para más inri, el Gobierno central quiere ahora recortar las pensiones.

Y yo me pregunto, ¿si gran parte del peso de la economía familiar recae hoy en día sobre los pensionistas, que mantienen directa o indirectamente a hijos y nietos, qué pasará si ya no pueden hacer frente a esos gastos? No quiero ni imaginármelo.

El último ‘brote verde’ es la supuesta bajada del paro en 31 personas, vendida a bombo y platillo por el Gobierno central. Digo supuesta porque ni siquiera es real. En todo caso, hay 31 personas menos apuntadas como demandantes de empleo. Si tenemos en cuenta que hay casi 100.000 afiliados menos a la Seguridad Social -es decir, personas que han dejado de cotizar por trabajar-, resulta evidente que la destrucción de puestos de trabajo sigue vigente, y que si hay menos demandantes de empleo es seguramente porque hay personas que han emigrado a otros países o los jóvenes ya ni siquiera se apuntan a la lista del paro, en vista de que no va a servir para nada.

Digan lo que digan, la crisis no ha concluido, ni tiene visos de que termine a corto plazo. Como Alcalde, estoy en contacto diario con los vecinos y vecinas de Barakaldo, y éstos me transmiten que cada vez tienen más problemas. Esa es la realidad.

El grifo del crédito

No hace mucho circulaba por los medios de comunicación una sorprendente campaña del Gobierno de España. Venía a decir que, después de varios años de restricciones, los bancos y cajas habían vuelvo a abrir el grifo del crédito a las pequeñas y medianas empresas (pymes) y ciudadanía en general, gracias al saneamiento de las entidades financieras vía rescate europeo.

Ya era escéptico cuando veía los anuncios, y pasado un tiempo prudencial el testimonio de muchas personas me ha hecho ver que, efectivamente, el grifo todavía está cerrado. Al menos para el común de los mortales.

No es una cuestión baladí. Abrir el grifo del crédito a las pymes y los vecinos y vecinas es clave para la recuperación económica del país y, por ende, de Barakaldo. A estas alturas de la crisis, muy pocas personas y compañías cuentan con ahorros suficientes para poner en marcha un negocio o mantenerlo vivo durante un prudencial tiempo de zozobra.

Si una pequeña o mediana empresa no obtiene financiación a corto plazo, se ve obligada a cerrar. Si los emprendedores no consiguen quién les preste dinero, su proyecto se quedará en agua de borrajas. Y qué decir también de los comerciantes y hosteleros, a quienes ya no solo se ha dejado de prestar dinero, sino que incluso se les han cancelado líneas de crédito fundamentales para mantener abiertos sus negocios.

Incluso el mercado inmobiliario, tan detestado tras los desmanes del pasado, necesita de crédito para sobrevivir y a duras penas avanza debido a que casi no se conceden ya hipotecas a las familias. Y si se conceden, las condiciones cada vez son más leoninas.

La situación se torna en escandalosa cuando, para más inri, conocemos que muchos bancos y cajas han sido rescatados con nuestro dinero, el de todos los contribuyentes. ¿No se les podía haber exigido a cambio abrir, de verdad, el grifo del crédito?

Soy un humilde Alcalde y no tengo la capacidad de imponer nada a los bancos y cajas, pero otras instituciones supramunicipales sí tienen herramientas para hacerlo. Les pido que lo hagan. Porque sin que fluya el dinero cualquier iniciativa que tomemos para salir de la crisis será insuficiente.