Barakaldo, por encima de las siglas

Soy Alcalde de Barakaldo y militante del Partido Socialista de Euskadi. Normalmente, los intereses de la ciudad y de los vecinos y vecinas a los que represento coinciden con las políticas que defiende el PSE, por lo que no suelen surgir conflictos de intereses. Pero si éstos aparecen tengo claro qué elegir: Barakaldo, sin ninguna duda.

Cuando te debes a unos ciudadanos y ciudadanas, tu obligación es defender sus intereses; siempre, ante cualquier situación. Así concibo yo la política municipal.

Ahí están los hechos para demostrar que lo que digo, lo practico día a día. Y también lo hacen mis compañeros y compañeras del Gobierno municipal, por supuesto. Esta forma de actuar fue notoria, por ejemplo, cuando el Partido Socialista dirigía el Gobierno Vasco de la mano del Lehendakari Patxi López. Entonces, hubo dos decisiones en el ámbito sanitario que no compartimos desde el Ayuntamiento de Barakaldo e hicimos que nuestro malestar transcendiera a la luz pública. Se trata de la decisión de dejar de subvencionar al Módulo Psicosocial de Cruces y la no implantación del servicio de Pediatría en el nuevo Centro de Salud de Rontegi.

Pero no fueron las únicas discrepancias que tuvimos con aquel Gobierno (que, por otro lado, fue un soplo de aire fresco para Euskadi). Aunque no trascendió públicamente, no nos gustaron nada otras decisiones y peleamos contra ellas. La no construcción de un colegio de Retuerto o la falta de ayuda económica suficiente a las escuelas infantiles municipales fueron dos de esos asuntos.

Pero, por desgracia, hay quien actúa como delegado o delegada de sus partidos en Barakaldo, no como representante de los barakaldeses y barakaldesas. Valgan como ejemplo las últimas intervenciones de los concejales del PNV en temas como la eliminación del Bizkaibus a El Regato, el autobús escolar de Retuerto y las obras en colegios de la ciudad, materias donde defendieron a capa y espada a Diputación y Gobierno Vasco (ambos dirigidos por su partido), en claro detrimento de los vecinos y vecinas de Barakaldo. Esa es la realidad, pese a quien pese. Y como Alcalde tengo la obligación de denunciarlo públicamente porque su actitud perjudica a la ciudad.

Cuestión de valores

Si hay algo que me repugna especialmente es la corrupción política, venga del partido que venga. Las últimas semanas están resultando muy prolíficas en cuanto a noticias sobre corrupción se refiere, y la sombra de la sospecha se extiende incluso sobre destacados dirigentes nacionales. No seré yo quien juzgue si estas personas son culpables (para eso está la justicia), pero más allá de las consecuencias judiciales que se deriven de estos casos, resulta evidente que la concatenación de presuntas corruptelas ocasiona un grave problema de credibilidad en los políticos.

Muchos ciudadanos y ciudadanas han dejado de creer en sus representantes. La confianza en la política se diluye y va a ser difícil recobrarla. Por mucho que la mayoría de los políticos seamos honestos y actuemos dentro de la legalidad, la percepción ciudadana empieza a ser precisamente la contraria. Y hasta cierto punto es normal cuando tan altos dirigentes han podido enriquecerse de forma ilícita.

Es el momento de los hechos, no de simples promesas. Las palabras grandilocuentes, muy habituales en política, deben estar siempre avaladas por la realidad. En mi caso, nadie podrá decir que a lo largo de mi trayectoria municipal no me haya comportado con honestidad. Nunca he aprovechado mi cargo para fines espurios, y así seguirá siendo. De eso pueden estar seguros los barakaldeses y barakaldesas.

Es una cuestión de valores. Ya lo dije en el Pleno de toma de posesión como Alcalde el pasado 8 de julio: nada más me honraría que mis convecinos y convecinas me recordarán en el futuro como a Julián Zugazagoitia, a quien con motivo del 25 aniversario de su fallecimiento Juan Iglesias describió de la siguiente manera en el año 1965, desde el exilio de Baiona y a través de Radio Euzkadi:

“Así era Julián Zugazagoitia. No vino al socialismo ni sirvió a la República para hacer carrera. De la vida pública, como de la vida privada, tenía un limpio concepto”.