El poder real

No es cierto aquello que dicen sobre la erótica del poder. Al menos, en Barakaldo. Desde que no soy Alcalde, me llama poderosamente la atención el cariño con el que me siguen tratando los vecinos y vecinas de mi ciudad cuando me ven por la calle o acudo a los actos, y los continuos mensajes de ánimo que sigo recibiendo por las redes sociales. Me resulta agradable saber que sigo siendo útil para resolver los problemas de la gente, ahora en mi condición de concejal y portavoz del PSE-EE.

Siempre he sabido que el poder real no lo tienen los cargos públicos ni las multinacionales y bancos que intentan controlarlo todo, sino los propios ciudadanos y ciudadanas. No solo porque votamos (yo me incluyo, obviamente) y, de forma soberana, elegimos a nuestros representantes. También porque somos capaces de movilizarnos en uno u otro sentido para cambiar las cosas, al margen si hay elecciones o no. No hay más que ver el éxito que tuvieron las manifestaciones en contra de la reforma de la Ley del Aborto planteada por el PP, por poner un ejemplo reciente.

El poder real no lo tenemos los políticos. Lo tiene la gente. Y yo me siento más poderoso que nunca, porque pisando la calle sigo viendo ganas de cambiar las cosas, y porque sé que vamos a ser capaces de hacerlo.

Acabar con las desigualdades sociales, con la pobreza, con los accidentes laborales que se cobran vidas de nuestros vecinos, con el desempleo, con la violencia de género, con la discriminación por razón de sexo, raza o preferencia sexual… Todo eso está en nuestra mano. Luchemos por ello.

Anuncios

Los valores, las personas

Cuando un político pierde la perspectiva de que el centro de sus acciones son los ciudadanos y ciudadanas a los que representa, no comete un simple fallo. Queda atrapado en el mayor error que puede cometer como representante público.

Convendrán conmigo en que lo difícil es saber cuándo se cae en ese error, porque no todo el mundo opina igual y el mismo asunto puede ser visto con ojos muy diferentes. El mecanismo de alerta que yo suelo usar es lo que palpo a pie de calle; es decir, lo que me comentan la mayoría de los propios vecinos y vecinas. Y es que yo soy alguien normal, que pasea a menudo por mi ciudad, Barakaldo.

Lo dije en el Pleno de constitución del Ayuntamiento, celebrado el pasado 13 de junio tras las elecciones municipales, y creo oportuno repetirlo ahora: en esta nueva legislatura los concejales y concejalas del Partido Socialista de Barakaldo nos continuaremos guiando por valores como la honestidad, la humildad y la cercanía. Pero, sobre todo, nuestras acciones se van asentar siempre sobre el bien común.

Lo primero para nosotros es Barakaldo. Por encima de cualquier otra circunstancia estará siempre que las decisiones que tomemos sean buenas para los vecinos y vecinas. Porque lo mejor para Barakaldo también es lo mejor para el Partido Socialista.

No somos perfectos y lógicamente nos podremos equivocar, pero habrá sido buscando lo mejor para las personas que habitan en nuestra ciudad. Eso os lo puedo garantizar.

Evitando desahucios

Dicen que el tiempo pone a cada uno en su sitio. Y en el caso de la lucha contra los desahucios se está demostrando que las medidas que pusimos en marcha los Socialistas en Barakaldo han sido acertadas. Que se evitara el desalojo de todas las familias que recurrieron a nuestros servicios de mediación  en los últimos días era un claro indicador de que las iniciativas funcionaban. Como lo es también que ayuntamientos de todo el país (incluidos los dos más grandes, Madrid y Barcelona) estén pensando ahora en poner en marcha sistemas similares.

Ojo, que tampoco digo que esas medidas sean la panacea. Más bien es lo que podemos llegar a hacer los representantes de los ciudadanos y ciudadanas en los ayuntamientos mientras otras instituciones, véase Gobierno de España, no cambian las leyes correspondientes.

La aprobación de una Ley Vasca de Vivienda, a propuesta del PSE-EE, es también un avance importante porque facilita a las familias disponer de un techo en el que vivir. Y es que cabe recordar que en Euskadi hay 4 veces más de viviendas vacías que en 2009. En concreto, alrededor de 42.000 viviendas no están en venta, no han salido al alquiler o ni siquiera se usan como segundas residencias durante las vacaciones de verano, Semana Santa, puentes, etc.

Ahora solo falta que el Gobierno Vasco (PNV) aplique la normativa con rigor y que Pedro Sánchez sea presidente del Gobierno de España para que se aprueben unas leyes generales que profundicen en esta vía.